He
tenido cargo de conciencia porque me he alejado totalmente de mi hija.
Lamentablemente, ya no puedo verla, aunque sea por cinco minutos su rostro, su
forma de ser, enojada, resentida, abandonada, lista para reclamarme por haberle dejado.
Cuando fuiste niña me
aceptabas como el padre, que aunque no entendías que había ocurrido en el pretérito
de la vida con tu madre, de hecho que sí la hice sufrir, pero, pienso que no todo lo que te haya dicho es
verdad, pues, es que como ser humano tuve mis equivocaciones, sí, pero fue por mí
misma culpa.
La verdad que al no tener
noticias de ti, me hace mucho daño porque eres mi hija, aunque tú hayas dicho
que me preocupe por mis tres hijos de matrimonio, también eres “la niña de mis ojos”, pero qué puedo hacer
sino hay diálogo contigo más que con tu madre, ese es el precio que tengo que pagar por la ausencia de una
hija de diecisiete años, que ya es bachiller y que desconozco la universidad
que está para poder seguir apoyando.
Voy a acercarme nuevamente,
con coraje para encontrarte, pero quisiera que sepas que al menos puedo rezar por tu
bienestar, porque, siquiera en eso al menos siento ser libre y puedo pensar en
el Todopoderoso y manifestarle que solo él te bendecirá, que sí te
extraño, sí te he echado de menos estos meses y no puedo vivir sin saber, al
menos noticias de ti, eso me quita la paz y el bienestar.
Espero que estas bendiciones
que siempre te envío desde una iglesia humilde la parroquia de la Virgen
Borradora, solo creo en el milagro de la virgen me haga
recuperar tu presencia, la Virgen será la madre que te va a cuidar, te
va a proteger y que Jesús te conducirá por el sendero del amor y la comprensión.
Te escribo desde una
población cercana, desde Sangolquí, una población muy bonita, que está adornada
aun por árboles de todo tipo. Te escribo desde el sector del Aguacate, que está
rodeada de gente amable y te escribo desde un computador que tiene al menos
internet, luego de haber saboreado un manicho de chocolate y maní crocante y bueno.
Te escribo estas letras
solas y abandonas mientras espero que mi quinceañera salga de su repaso del caporal. No espero nada a cambio porque hija es hija.
Regreso a lo tuyo y
simplemente quiero expresar que mi corazón está lleno de amor para ti, y si no
alcanzo a decirte adiós, al menos lee esta carta. Te amo y eso nadie ni nada
puede impedir.
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