domingo, 16 de enero de 2022

Capítulo 1 de la novela: La Huesuda

Nunca puedo renunciar el conocer el mundo desconocido de mi existencia. Muchas de las veces por el agotamiento del vivir esclavo del sistema establecido desde el seno materno hasta permanecer sentado en las aulas de la Universidad. El salir del pueblo que te vio nacer te permite romper este círculo vicioso de la concepción precaria del desenvolvimiento del tiempo y espacio compartido con muchos que ni siquiera sé su nombre. Solo escucho sus voces como sirena que interrumpe el ambiente soleado y seco de la urbe. Pensar en miles cosas me desarrolla un estrés que me mata y me desquito con la macabra que sale desde lo indígena del alma que es.

Alguien salía de una huerta llena de heno y verdor de árboles frutales que se confunde con el olor penetrante de la Pandemia brutal que se vive, actualmente. Recibo la noticia que seguiremos con las clases virtuales y me pongo a pensar  ¿Qué sucederá?

Dos mujeres salen de la huerta de claudias y me preguntan ¿quien soy? -les digo soy yo y vengo a dejar una encomienda de 10 dólares que le podría servir para comprar algo en este tiempo, realmente, esta cantidad no abastece más que poco de pan y leche para alimentarse un día o no sé que más se pueda conseguir con ésta cifra del billete que es firmado por una mujer que se ha preparado y le dieron la oportunidad para firmar, es una señal que la mujer se va afinando en su mundo intelectual y económico.

Mi destino no era quedarme en este espacio porque hay muchos otros pensamientos que debo de hacer y retirarme porque no quiero caer en la desinformación o involucrarme en habladurías y escuchar ciertas hipocresías de las personas, es como que se instaura un ambiente tenso y hostil, prefiero no decir nada por no quedarme como el malo de la película y enemistarme con temas que ni siquiera conozco y par qué voy a involucrarme, prefiero salir de espacio e irme a otro, donde no siente esta vibra negativa como se dice.

Me regreso a la ciudad donde a pesar de la situación que se vive -arrendando- como mucho en esta ciudad donde el más fuerte económicamente hablando impone muchas cosas por ejemplo valores del saludo y principios que son solo producto del sistema establecido como dice la dama apodada "huesuda", que está golpeando puertas y zaguanes para conducirte para siempre a la condenación del espíritu indómito que incursiona en las cúpulas de iglesias y casas donde se pasean y se orinan felinos que maúllan toda la noche y no permite conciliar el sueño, ni a media noche, ni a la madrugada.




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