Es un hermano que le conocí en Cotocollao hace mucho años atrás y su alegría de la provincia del Oro siempre desbordaba de sus labios. Nunca le percibí como forzada su sonrisa. Y entusiasta fue de novicio, impecable con el cleriman cuando íbamos a visitar la capilla de la Madre Dolorosa. Edgar era la alegría de los jóvenes del apostolado de los barrios periféricos de Quito. También pudimos ir de misiones si más no mal recuerdo a Limones y otros sectores. Siempre le escuchaba cantando las melodías de esta tierra el Ecuador. Su saco celeste. También buen deportista tanto del Futbol y el boli, siempre en la formación de los jesuitas me lleva un año más adelante. Hermano ejemplar hasta ahora, pero por cuestiones de la vida y del destino al igual que yo salimos de la compañía de Jesús y cada uno ha trazado distintos rumbos. Él se ha ido al Continente Europeo, hoy se encuentra en Italia, también siguiendo adelante en la vida. También me ha encantado volver a saber a cerca de Edgar. Recuerdo haberle escuchado cómo reflexionaba de la vida de San Ignacio, de Santa Marianita. Siempre le veía que era muy trabajador y también una hombre orante, las plegarias no solo era para Jesús, nuestro amigo, sino para la Virgen María. Recuerdo haberle visto en la capilla del noviciado en actitud de oración y en el silencio era como el espacio para conectarse con el Señor. La alegría de Edgar siempre me ha impactado. El hombre romántico que aprecia a los demás como si fuéramos parte de él vive en su destino de amor y verdad. Le escucho en una ciudad tan lejos al otro lado de mi Ecuador del alma. Yo me he quedado aquí para que así sea el destino de volver al reencuentro, en ese tiempo como jóvenes de pueblos del Ecuador, hoy como hombres adultos que tenemos el recorrido desde los 90 hasta estos tiempos. Edgar va en la noche con sabores y disfruta pizza italiana, yo me sirvo una espumilla hecha con guayaba y huevo a lo lo quiteño. Es un contraste de la vida. Edgar en Italia, Ángel en Ecuador. Lo importante es la amistad que perdura por años y años. Edgar el hombre de miles de aventuras que le hacen único e irrepetible. Querido de Gilberto Freire y de Diego Chauvín. Hoy, vive con su madre en la bota itálica, ¡qué chévere ver que estás en aquellas tierras del vino!.
domingo, 30 de mayo de 2021
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